Un largo vericueto hacia Rodríguez

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Es bueno que aún basten las voluntades de uno o dos para desenterrar del olvido un tesoro sin mapa. Más en http://sugarman.org/

(Imagen de Paulisdeadm, at the English language Wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22394544)

 

 

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Crónicas del regreso

Texto disponible en plataforma de autopublicación del Proyecto Gutenberg aquí.

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Conjeturas y apuntes perplejos

Pueden ver algunos de mis divagatorios artículos para la Revista InvestigaTec del Tecnológico de Costa Rica aquí.

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El tiempo en los ojos

He subido a la plataforma de Gutenberg una segunda edición de El tiempo en los ojos.

Pueden hallarla aquí.

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Estallido financiero, otra vez

Reventaron las bolsas. Y luego subieron. Y luego volvieron a bajar. Pero hoy las ganancias nos llevaron de vuelta a la costa. Todo bien, entonces. ¿O no?

Arrogancia epistémica, tal como la define Nassim Taleb, sería ofrecer una explicación sobre lo que ha sucedido, tal como están haciendo todos los expertos en economía y finanzas en este momento. Pero lo cierto es que nadie la vio venir. Y nadie verá la próxima. Y lo peor es que nadie, dice Taleb, bueno, casi nadie, se da cuenta de que el problema no está en el promedio, está en los momentos de orden superior. Miren la gráfica: en promedio Wall Street no anduvo mal ayer. Pero esa es la historia del borracho al que ponemos a caminar haciendo eses sobre la línea divisoria de la carretera: en promedio, debería sobrevivir; pero el promedio, tristemente para el borracho, es un abstracción estadística, no el mundo real.

Son tiempos interesantes.

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Über y el mundo por debajo

Ayer por la tarde arrancó Über en Costa Rica. En la noche se decomisaron los primeros vehículos, en operativo conjunto entre oficiales de tránsito y taxistas. Resta saber si la furia contra la plataforma durará lo que duró la campaña contra los choferes ebrios: unos cuantos meses. Pero me tiene sin cuidado la legalidad o no de la empresa, que de eso se van a venir a ocupar los tribunales. Lo que me preocupa es que nadie ve lo obvio: que Über no es exclusivo. ¿Qué impide a las cooperativas de taxis reunir un poco de capital para pagar el desarrollo de su propia plataforma? El costo no es excusa: un par de ingenieros en computación o electrónicos resolverían el asunto en dos o tres meses. Por el equipo no hay problema: a ningún taxista de los últimos que he contratado le ha faltado su celular inteligente.

Yo no creo, como Evgeny Morozov, que las plataformas como Google, Facebook, Waze, Über, nos vayan a engullir sin remedio. No si les hacemos frente: se puede competir. Establecer plataformas en la nube no es ciencia de altos vuelos: hasta un chico de Harvard lo puede hacer.

Pero si temo que es asunto de iniciativa. Y esa, como dice Edmund S. Phelps aquí, cuesta encotrarla cada vez más. Es más fácil esconderse en la concha, más fácil pedir que venga el Estado en nuestra ayuda. Con solo unos miles de dólares invertidos, hace rato que los taxistas de Costa Rica habrían tenido su plataforma (y no creo que los cientos de taxistas que tiene este país no se las puedan agenciar para aportar cien dólares cada uno). Habrían tenido el negocio montado, antes que se aparecieran los bárbaros del norte. Ahora la pelea les será cuesta arriba. (que se busquen la historia de los Luditas en la Wikipedia, y así de paso se enteran algunos que no solo para Facebook y Whatsapp sirve el celular).

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Crónicas del regreso

Pueden encontrar una versión preliminar gratuita de mi nuevo libro de relatos Crónicas del regreso aquí

El libro ha sido publicado dentro del proyecto Gutenberg, y su comunidad de autores. Colocaré en los siguientes días algunos extractos del texto.

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La soledad del presidente profesor

La función de un gobernante es, por principio, actuar. Pero me parece que esta definición, sencilla y directa, lleva en su sencillez la misma razón de su frequente menosprecio: incluso el mismo PLuis_Guillermo_Solís,_Costa_Rica_09latón aseveró en su República en que los gobernantes debían ser filósofos. Puede decirse entonces que no le bastó vivir por sí mismo el fracaso estrepitoso en Siracusa de sus reflexiones políticas. Y su ejemplo tampoco evitó que muchos siguieran tratando de llevar a la práctica sus consejos mal avenidos (quizás si Platón no hubiera salvado el pellejo en su aventura utópica, habría habido menos gente dispuesta a escucharlo tan al pie de la letra).

Pero es que aquellos que han visto la cuestión de la gobernanza con ojos realistas terminan muchas veces acusados de pérfidos o cortesanos arribistas – en un extremo Maquiavelo y en el otro Gracián –. Y no basta que de vez en cuando un intelectual reconozca el desastre que significaría si los que se dicen pensadores ostentaran el poder. Son pocos los García Márquez – criticable a veces por sus posturas políticas – que sabiamente rechazaron los intentos de algunos por llevarlos al gobierno. Mostró buen tino el colombiano de saber que no es lo mismo teorizar o escribir novelas, a llevar las riendas de un grupo de gente con intereses dispares. (Quizás ahora Vargas Llosa le agradezca a Fujimori que le ganara aquellas elecciones lejanas en los noventa: así puede ahora ponerse el birrete de premio Nobel, igualito que su ex-amigo el colombiano que se lo ganó con tanta ventaja, y no dolerse como presidente derrocado y desterrado à la Rómulo Gallegos).

Es que a veces la gente pensante no solo habla y escribe con gracia sino que ejecuta de la misma manera, y sí, hay alguno que de gobernar no ha salido tan mal parado – pienso en Sarmiento –, pero creo que es el recuerdo de golondrinas así de escasas lo que tristemente lleva a algunos pueblos a escoger a quien no debía salir de las aulas para que los mande. Porque si hay algo que pronto se hace notar de un presidente profesor, es que no están acostumbrados a que les lleven la contraria, ya que si hay un lugar donde la democracia no es aún admitida del todo, es en las cátedras universitarias. Los académicos somos aún de los pocos que seguimos gozando de una autoridad prácticamente incuestionable en nuestras aulas y laboratorios, y de ahí que nos cueste manejar puestos o responsabilidades donde las jerarquías y la negociación son un asunto medular. Es en este sitio donde se estrellan entonces las ideas contra la realidad de la rigidez del entramado social – que de por sí no es negativo, pues la estabilidad de los sistemas asegura de muchas maneras la paz social. Un precio pequeño entonces por pagar. Yo especulo que sea tal vez la capacidad de concentración y pensamiento en un arco reducido de problemas – lo que típicamente guía la práctica académica exitosa – lo que le reste a los académicos aquellas artes que deben definir a un buen gobernante: la negociación de miras abiertas, la rapidez para actuar, e incluso cierta duplicidad – que aunque tachemos de maquiavélica, es una baza de la que ese han servido aquellos a quienes hoy se recuerda como gobernantes: Churchill, Roosevelt, Catalina la Grande, de Gaulle, el mismo Figueres y tantos otros que supieron pasar por el gobierno haciendo más de lo que decían – ¡y vaya que Churchill, por mencionar uno, hablaba!

En fin. Que si el profesor ha sido electo hace un año y por tanto margen, habrá que respaldarlo, pero haciéndolo recordar a menudo que el país no es un aula y que su labor no es la de enseñar sin discusión. Y así, de paso, que se le recuerde que la república democrática es un asunto de normas y contrapesos, y de escuchar a quienes disienten, y de mostrar pronto resultados. Porque la acción del gobernante democrático implica negociar, transigir y ejecutar cuando es debido, y ante todo respetar la legalidad, sea uno presidente o funcionario. Los títulos académicos no eximen de la responsabilidad de quien ejerce autoridad. Y si se es bueno para exigir que se cumplan convenios y normas que aseguren mantener los salarios universitarios de ministros, directores ejecutivos y presidentes legislativos, también hay que serlo para respetar las normas establecidas de nombramiento de personal y de trámites consuetudinarios en ministerios, instituciones autónomas y el mismo congreso.

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Je suis Charlie

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Piketty otra vez

El rol de un gobierno es el de relanzar el crecimiento de Francia y Europa, no el de decidir quién es honorable o no. Traduzco libremente las palabras del economista Thomas Piketty al rechazar la legión de honor francesa. En una época en que cada vez son menos las palabras creíbles entre tanta hiperinflación de expresiones vacuas por Twitter e Instagram, al menos algunos actos como el de Piketty muestran que a algunos les preocupa más su conciencia a la hora de dormir que cuántos”me gusta” tienen en su página de Facebook. Porque parece tener claro Piketty, que una de las tácticas más comunes para callar una propuesta reformadora, es envolverla en premios y reconocimientos para apagar el ímpetu del cambio (lo que llamaríamos en castellano castizo: soborno intelectual). Y así, Piketty le ha mandado un fulminante mensaje a François Hollande: que cumpla con lo que prometió en su campaña: parar la austeridad sin ton ni son y restablecer el papel del Estado como actor decisivo en la recuperación económica, y que se deje de repartir premios y buscar novias montado en scooter.

Atacado por la derecha y la izquierda, el libro “El capital en el siglo XXI” puede quizás estar equivocado en algunas de sus premisas y propuestas, pero concuerdo con el columnista Weissman de Slate: el texto de Piketty ha bastado  para trastocar el debate económico llevándolo a un tema del que hace rato deberíamos estar hablando, un tópico que muchos — especialmente los conservadores y defensores del libre mercado a ultranza, que por algo han sido los más furiosos en su reacción — preferirían que siguiera callándose: el crecimiento desmedido de la desigualdad de concentración de la riqueza en el último medio siglo.

Yo por mi parte, con mis escasos conocimientos de Economía, he hallado en el libro de Piketty un procedimiento metódico, ordenado y convincente a la hora de exponer sus ideas, basándose no en extrapolaciones o inducciones aventuradas a partir ya sea de fórmulas simplistas de optimización numérica (a lo Black, Merton, Sholes y Cía.) o de evangelios economicistas (sean a lo Hayek, sean a lo Keynes), sino en datos sólidos y tendencias comprobables. Como ingeniero, encuentro por tanto sólidas sus ideas y sus conclusiones bien fundamentadas. Y aunque como ingeniero sé muy bien que correlación no implica causación, es sin embargo suficiente razón para investigar aún más si las hipótesis de Piketty van por camino correcto, cuando todos los datos apuntan a que el crecimiento de la desigualdad de la distribución de riqueza en las economías de todo el mundo ha sucedido en paralelo con el establecimiento de las políticas ultraliberales del trickle down economics y el recorte de impuestos a los más ricos (esa teoría de la cual ni goteos hay aún, tras cuarenta años, que presagien finalmente el esperado derramamiento que nos prometieron Reagan, Thatcher o, en Costa Rica, Jorge Guardia y Thelmo Vargas; esos dos pensadores de columna que tanto quisieran privatizar las universidades públicas, sin atreverse a apuntar en sus diatribas liberalizadoras de dónde salen la mayoría de los graduados que hoy soportan el crecimiento de la industria tecnológica en nuestro país).

Si las propuestas de Piketty: aumentar los impuestos a las grandes fortunas y hacerlos globales, restablecer los impuestos progresivos a la renta y fortalecer la educación pública como vía al crecimiento, no son totalmente correctas pues es algo que solo podrá comprobarse aplicándolas. Que al fin y al cabo no son propuestas nada revolucionarias, son las de Roosevelt y de otro pensador muy cercano, del que ustedes quizá habrán escuchado hablar, que sembró en un libro escrito hace también cuarenta años la semilla de mucho de lo bueno que hoy aún podemos disfrutar en este país: José Figueres Ferrer.

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