El reloj maldito

¡Sólo un minuto! ¿Qué es un minuto?: Sesenta exhalaciones vitales; un instante cósmico insignificante y una eternidad cuántica. Si supieran cuanto he jugado este juego.

Para contar mi historia dispongo sólo de un minuto. Pero un minuto es tantas cosas: lo he descubierto hace menos de un minuto. Por ejemplo, ahora escribo este párrafo entero dos veces en casi un minuto, la primera vez no pasé de «Para contar mi historia dispongo sólo… », aunque para ser sincero sé que no hace un minuto de aquello. El segundero de mi reloj nuevo acaba de pasar el XII. El reloj está nuevo porque hace menos de un minuto que lo puse en mi pared. Puedo observar su paso acompasado. Siento su tic, pausa, tic, pausa, tic. El reloj lo he comprado hace tanto tiempo

Caminaba por el Mercado y un tipo salido de la nada de repente me interceptó:

-Macho, deme un rojo y se lo lleva -me espetó mientras se señalaba un precioso reloj de pared que llevaba metido bajo el abrigo. Yo era un oportunista entonces. Hace un minuto que dejé de serlo. Saqué de mi bolsillo dos billetes de quinientos y en un instante el vendedor desapareció. Me guardé mi bello reloj de pared (porque sigue siendo bello) y contento terminé mis asuntos deI día. No podía esperar a ver el reloj colgado en mi habitación: escuchaba sus «tic, pausa, tic, pausa… » correr al ritmo de mi corazón. Ahora creo que es mi corazón quien late al ritmo de su «tic, pausa, tic, pausa…». Por fin llegué a casa y tirando todo donde cayera me dirigí a mi cuarto. Saqué mi reloj y con cariño lo guindé donde me pareció mejor. Marcaba las cinco y diez, el segundero iniciaba apenas su recorrido. Me le quedé viendo, admirando su majestuosa cadencia, el paso seguro de la aguja recorriendo su circuito entero. Treinta segundos. Cuarenta segundos. Cincuenta… 57, 58, 59… ¡Entonces me invadió el terror! El minutero se quedó inmóvil sobre el dos romano. ¡Eran aún las cinco y diez! Esperé a que el segundero diera otra revolución. Tal vez sólo estaba confundido y había asumido que eran las cinco y diez, pero ¡horror!, el segundero volvió a pasar el meridiano y el minutero no se movió. Aguardé varias vueltas más. Comprenderán que no puedo decir minutos porque el minutero no ha avanzado. El minutero seguía paralizado. Descolgué el reloj, lo puse de cabeza, le cambié las baterías, lo golpeé contra el piso y hasta brinqué sobre él, y siguió marcando las cinco con diez. ¡Había quedado atrapado en un minuto! Era un chiste cruel. Cerré los ojos, dormí, salí de la habitación y volví a entrar y el minutero seguía igual. Salí al trabajo y regresé y el minutero permaneció allí. Y aún sigue ahí

Ahora llevo una rutina normal si se quiere. Me levanto a las cinco y diez, desayuno a las cinco y diez, me voy a la oficina a las cinco y diez y cuando regreso son a ún las cinco y diez. Veo tele hasta las cinco y diez, ceno a las cinco y diez y a las cinco y diez me acuesto a dormir.

Lo admito, a veces me impacienta mi cárcel temporal, y hasta he pensado en cortar con el cianuro esta espera interminable en que se ha transformado mi vida, pero la verdad, aún tengo la esperanza de que algún día mi reloj deje de dar las cinco y diez, que este minuto sin fin por fin termine. Los demás viven su tiempo y creen que el mío es el mismo, y yo ya me cansé de explicarles: para mí son todavía las cinco y diez de cuando colgué mi reloj en la pared. Los pobres no entienden mi desgraciada eternidad.

Bajo licencia CC BY-NC-SA.

Creative Commons BY-NC-SA

Anuncios
  1. Deja un comentario

Dejá un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: