La lucha oculta

En ese estilo tan típico de nuestras castas gobernantes, de secretismo y cuchicheos, continua la triste historia de la Caja Costarricense de Seguro Social. De la reciente historia del país, se sabe, que la táctica primordial de quienes pretenden dirigirnos es la de alargar los intervalos y los silencios, y dejar que aquellas de sus marrulleras actividades que para desgracia suya salen a la luz, caigan pronto en el olvido y resignación de los afectados –todos nosotros–. Así, la Presidenta nos nombra una nueva ministra de Salud, amiga y colega de quien a tumbos ya dirige la CCSS, y mientras tanto la última auditoría sobre la institución se va al baúl de los secretos de estado. Con estas acciones, simplemente se desoye un clamor que, supongo que esperanzados nuestros líderes en la tradición histórica, se irá apagando sin consecuencias. Pero debe la Presidenta recordar que la peor de las furias es siempre la de los pacientes. Las manifestaciones en Tibás por el arbitrario intento de cerrar una clínica comunal deben despertarla –a ella y a esa casta excelsa que parece ofenderse cada vez que se le cuestionan sus altaneras disposiciones– a la realidad: cuando ha sido necesario, los ciudadanos costarricenses se han levantado contra los intentos de sojuzgar sus libertades y derechos. Porque esta democracia que los costarricenses gozamos, no es producto de una supuestamente muy tica imagen de pasividad y pacifismo con que han tratado de caracterizarnos a los costarricenses desde niños en nuestros medios de comunicación e incluso desde nuestro manipulado sistema educativo, sino que se ha ganado con la sangre del pueblo, en 1823, en 1842, en 1856-57, en 1889, en 1919, en 1948, en 1955. Las luchas contra ALCOA y el Combo del ICE son recordatorios de que este país está poblado de costarricenses serios que luchan por lo que les es suyo, no de ticos pura vida amantes del vacilón.

Es reconfortante ver, entonces, que grupos como el de Cotizantes CCSS aparecen para mantener viva la llama y obligar a las autoridades a aplicar el bisturí que les ha sido encomendado. Si no desde las esferas del poder ejecutivo, entonces desde el poder judicial. Quizás grupos como este, logren hacer entrar en razón a quienes alegremente pretenden dirigir el país como si de su hacienda privada se tratara. Quizás grupos como este logren resolver una de las mayores ironías de la CCSS y quizás la razón del secuestro que vive hoy: el que entre su directorio, no haya representante de quienes aportan el máximo sostén de la institución y son su razón de ser, nosotros los obreros y trabajadores asegurados.

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