Animales de imaginación

Algunos dicen que somos enemigos naturales. Los escritores y los políticos (ir a Imaginary Homelands, de Salman Rushdie). Que nos vestimos de pieles diferentes, porque los políticos hablan del mundo que quieren que vean los demás y los escritores del que se ve realmente. Lo que podría interpretarse como paradójico, si uno es de los que cree que los escritores son tipos de imaginación y los políticos deben ser realistas, más bien. Pero las paradojas es el mundo de las palabras, ni más ni menos, y al final es en el mundo de las palabras donde se pelean los votos, se logra el carisma y se construyen las reputaciones, y no han faltado escritores (que luego han resultado nóbels de literatura algunos) con imaginación tan grande como para lanzarse a la política.

Pero es que en realidad es asunto de intenciones y de lo que pasa en la cabeza de unos y otros. Porque no es cuestión solo de que los escritores imaginen para crear y los políticos para vender/venderse, sino de quien se la cree y quien no. Un escritor, normalmente, siempre sabrá que lo que hace es inventar (porque las palabras, por más que describan realidades, son siempre invención y nunca es la luna el dedo que la señala). Pero el político hablará y lo que saldrá de su boca será para él única verdad. Por eso la creo veraz a Laura Chichilla cuando dice que Costa Rica será un país desarrollado en 2021. Como le creía a Óscar Arias cuando inauguraba obras fantasmales. Porque para Laura, en realidad vamos en camino al desarrollo y para Óscar las obras existían realmente ante su mirada. Es su condición de animales políticos, no dudar de lo que afirman pues en ello les va su esencia. Solo convenciéndose a sí mismos de su realidad, podrán convencer a los demás. Y por eso jamás un político se retractará ni pedirá disculpas por algo que diga (o mucho menos haga), porque será ir contra la verdad que se ha forjado para poder dormir tranquilo cada noche (yo quisiera, que alguien me contradijera, me presentara las imágenes de algún político de cualquier parte disculpándose, diciendo “me equivoqué”: solo en Unión Soviética, parecían tener la receta para que un político declarara contra sí mismo). Es que los políticos son animales de ilusiones y mundos alternos y es por eso que somos enemigos. Porque alguien los tiene que llamar a cuentas antes que nos contagien a todos. No sea que para el 2011 seamos un país de lunáticos que creerán vivir, ahora sí, en una Suiza tropical.

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