15 de enero, 2008

Con una tarde de azul mercurio, termina mi último día en San José y tengo la valija a medio hacer. No alcanza el tiempo para despedidas y reencuentros: siempre algo/alguien queda afuera.

Me voy con la cabeza llenas de impresiones y reflejos de un país que sabe distinto en mi nostalgia, y ratifico una vez lo traicionero de mi memoria. Es bueno saber que la natilla, el ceviche, las tortillas y las mujeres ticas siguen igual de buenas: pero ahora hay otras cosas que no me han sabido ya tan rico en este reencuentro. Fueron escasos días, pero quizás porque traigo lentes distintos, porque mal que bien vivir fuera se te mete en la sangre, de pronto Costa Rica me parece ahora menos ideal. De pronto, hallo feas la miríada de urbanizaciones que se van colgando de los antiguos cafetales, la colección desordenada de rejas y tapias en que nos encerramos a vivir, los embotellamientos, la basura en las calles y los parques, el fétido aroma de nuestros ríos y el proverbial matonismo de nuestros automovilistas. Hallo feo el Jacó transformado en paraíso inmobiliario para turistas sexuales, las costas taladas en Punta Leona, Herradura y Papagayo para abrir megahoteles y cercar playas antes públicas. Encuentro los helados de la Dos Pinos una estafa (¿donde quedaron el maní y el chocolate de los Krunchy Krisp?) y un robo que me cobren 3000 pesos por un pinto con huevo en cualquier soda de pueblo. Que en cada intersección haya gente que viva de lo que pueda vender y en la calle cada vez más niños durmiendo entre cartones y meadas de alcohol digerido. Hallo incomprensible que un metro cuadrado de tierra no baje de 150USD y una casa promedio 50 millones de revaluados colones. Que el dólar se deprecie y los carros suban automáticamente de valor.

Y sin embargo, es un milagro que siga siendo un país con esperanza. Un amigo cubano/tico me afirmó, que en la actualidad, un 30% de la población del país no es nacida en este suelo. (No sé si es cierto, pero ya incluso un 10% suena convincente a primera vista de cubero: ¿habrá una estadística oficial de tanta gente que se ha venido para acá?). Me cuesta creerlo pero es cierto: tanto nicaragüense, colombiano, venezolano, gringo, latinoamericano, europeo, parecen reafirmar con su sola presencia la hipótesis de que, incluso con aquellos defectos, hay lugares donde parece peor la vida que en Costa Rica. La cuestión es: ¿cuánto más seguirá siendo vivible mi país? Yo me escapo por otro año. Espero que aguante al menos doce meses más.

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